La cancha del Paseo Marino, pensada para el esparcimiento de los colonenses, se ha convertido en las últimas semanas en un refugio improvisado para varios migrantes que no han podido continuar su camino. La mayoría, según relatan testigos, se encuentra sin recursos económicos y en una situación de incertidumbre total.
Algunos de los migrantes han expresado su intención de regresar a sus países de origen, mientras que otros aún conservan la esperanza de atravesar la frontera con Colombia, con miras a volver al punto de partida de su travesía. Sin embargo, el alto costo del transporte y la falta de apoyo institucional los mantienen varados, a la intemperie, expuestos al sol, la lluvia y la inseguridad nocturna.
“Dormimos en el piso, compartimos comida cuando conseguimos algo, y tratamos de sobrevivir día a día. No es fácil, pero no tenemos a dónde ir”, comentó uno de los migrantes, quien pidió mantener el anonimato por temor a represalias.
Vecinos de la zona han mostrado preocupación por las condiciones en las que viven estas personas, así como por la falta de una respuesta coordinada de las autoridades locales y nacionales.
Organizaciones humanitarias han sido vistas entregando botellas de agua y algunos víveres, pero aseguran que se necesita una intervención más amplia para atender esta crisis migratoria silenciosa.