Ya iniciada la cuenta regresiva para las elecciones generales de mayo del 2024, adquiere más relevancia el dato de la cantidad de panameños habilitados para votar que están inscritos en partidos políticos.
Para muchos estas organizaciones son una representación de la degradación política, y con justas razones. Sin embargo, el hecho de que muchos panameños se sientan atraídos a formar parte de sus estructuras envía un mensaje.
Primero, que en vez de ver a las organizaciones políticas como socavadoras de la buena gobernanza, hay que enfocar el esfuerzo en procurar su transformación para que en ellos prime la probidad, el civismo, el servicio auténtico al Estado y la búsqueda de un mejor país.
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Para ello hay que empezar depurándolos de aquellas fichas que han convertido el ejercicio político en una herramienta para enriquecerse y acumular cuotas de poder.
Esa depuración debe iniciarse desde lo interno, con liderazgos frescos y comprometidos con verdadero bienestar de la población.