El creciente número de casos de explosiones en apartamentos, sobre todo en Ciudad de Panamá es tan terrorífico como la experiencia que viven quienes experimentan estos hechos.
Ya se ha vuelto una costumbre que cada cierto tiempo vivamos situaciones como las de este martes, la que causó un estupor generalizado por el volumen de afectación.
De allí que salta la interrogante de si los estamentos encargados de verificar el servicio de distribución de gas en domicilios y comercios están en condiciones para hacer todas las inspecciones y evaluaciones que se requieren, porque de su idoneidad no hay dudas.
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También vale cuestionar si la docencia a quienes deben manipular estas redes de distribución es suficiente como para evitar las desgracias.
Y es que no hay que ser muy analíticos para observar que los recursos diversos a las entidades encargadas de estos monitoreos no crecen al ritmo en que lo hace la urbe, y ni hablar del rol que deben jugar muchas entidades, que simplemente se hacen de la vista gorda.